Docentes trabajan en un nuevo protocolo de higiene para prótesis ocular

El Dr. Carlos Cabrera y la Dra. Celia Luksenburg, integrantes del Servicio de Rehabilitación en Prótesis Bucomaxilofacial, del departamento de Rehabilitación Oral y Maxilofacial, se encuentran realizando una investigación que busca comparar dos protocolos de higiene en prótesis ocular, a través de un estudio de abordaje clínico, microbiológico y psicológico.

El estudio ha recibido la colaboración de la Dra. Aida Wodowoz (exintegrante del Servicio), y, actualmente, el equipo de investigación se conforma también con la psicóloga Flavia Sartorio, integrante del Servicio y con la Dra. Lourdes Zaffaroni, integrante del Laboratorio de Microbiología, del Departamento de Diagnóstico en Patología y Medicina Oral (anteriormente, participaron en el marco del trabajo microbiológico las Dras. Virginia Pappone, Andrea Badanian y Carolina Verolo).

La iniciativa compara el protocolo históricamente establecido, en el que las personas debían quitarse la prótesis ocular todos los días, con uno nuevo que propone una higiene más espaciada en el tiempo (una vez al mes), mejorando así la calidad de vida del paciente.

A nivel metodológico, el estudio se basa en tomas microbiológicas que miden el conteo de bacterias que se generan en ese mes que la prótesis permanece en la cavidad ocular. “Hemos constatado que este protocolo no cambia negativamente al paciente, sino por el contrario, clínicamente se presenta mejor”, mencionó Cabrera.

Históricamente, los profesionales se basaban en el denominado Protocolo de Rezende, que consistía en limpiar la prótesis hasta tres veces por día. Si bien este método resultaba efectivo, no siempre era práctico para la vida cotidiana de los y las pacientes. “Uno, siendo un poco empático y tratando de ponerse en el lugar de los pacientes, entiende que llega un momento en el que la prótesis pasa a ser su ojo”, expresó Luksenburg.

En este sentido, la evaluación psicológica y la percepción de los y las pacientes resultan fundamentales en la investigación, ya que no solo se contempla la higiene ocular, sino también el impacto emocional que implica el uso y la higiene de la prótesis.

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